Es difícil el humor en un país como el nuestro

Guillermo Sheridan aceptó ser un escritor incómodo, un polemista que asegura que ahora que se industrializa el ánimo contestatario a los mexicanos nos queda "la risa como proclama de la buena conciencia, el instrumento para demoler blancos fijos, predicar para convencidos y practicar la gazmoñería de la corrección política". Eso lo dijo al recibir el Premio Jorge Ibargüengoitia de Literatura de la Universidad de Guanajuato en el marco de la Feria del Libro. El ensayista aseguró que "es difícil el humor, la ironía melancólica que tanto Villoro como Evodio Escalante evocaron. Es difícil el sentido del humor en un país como el nuestro". Añadió que la palabra humorista es horrible: "Evoca las taras de la picardía industrializada por la televisión. Figurar de humorista puede suponer asumirse un patiño de la realidad, venderles risas como cuartadas, adosarle una bufonería cómplice". Luego de que Juan Villoro y Evodio Escalante —miembros del Jurado del galardón— señalaran que al igual que Ibargüengoitia, Sheridan es