Gatos callejeros

Un grupo de gatos callejeros malhablados no parece ser la idea más clásica para hacer una serie animada edificante y sensible. Pero ese es el modus operandi habitual de Ricky Gervais, el comediante británico que se caracteriza por un humor directo y bastante grosero pero que, en el fondo y disimuladamente, es un tierno de aquellos. Esa es la lógica implícita en Gatos callejeros, la nueva serie británica del creador de The office. Aquí, él mismo (bueno, su voz) interpreta al personaje principal de una pandilla de gatos que viven en un sótano semi-abandonado, miran la tele todo el día, conversan de cualquier tema que surja de allí y luego hacen lo que cualquier gato: comen, cagan, duermen. Aventuras Esa es la lógica brutal de los protagonistas de la serie, un trío de gatos que parecen un grupo de adolescentes o veinteañeros slackers británicos que no hacen otra cosa que sentarse, dormir, discutir, reírse, pelearse y así. Estos no beben pero se drogan. Y tienen sexo —uno de ellos, al menos— de maneras no de