Harley-Davidson tiene su propio museo

Harley-Davidson es una marca legendaria que hoy abre las puertas de su sala de trofeos. Es un rugido particular —en realidad, como 200 rugidos particulares— el que sale de los motores V-Twin que anuncia que se ha llegado en "territorio Harley", como suelen llamar los vecinos de Milwaukee a los cerca de 12 mil metros cuadrados que ocupa el museo Harley-Davidson. El cuero parece ser la única prenda aprobada entre los cientos de motociclistas que, de manera ordenada están formados en el número 400 de Canal Street a la espera de su turno para entrar. En este refugio les explicarán quiénes son, de dónde vienen, a dónde van y por qué deben traer puesto el chaleco de piel aun cuando el calor es insoportable. Estos prospectos de Ángeles del Infierno parecen niños en cuanto se abren las puertas. Corren de un lado al otro. Las barbas se erizan. "¡Ahí está la Panhead!"... "¡Mira esa Flathead!"... "No puede ser, esa es una Knucklehead de 1909". Apenas están en el anfiteatro que explica cómo los hermanos Arthur y Walter