Josh Homme

Es, probablemente, el último sobreviviente de su especie. A ese tipo de músico que alcanzó a vivir la bonanza de la industria discográfica cuando los álbumes existían en formato físico y volaban de los aparadores el día del lanzamiento. Esa clase de artista que encajaba a la perfección en la maquinaria de los medios masivos: cuando MTV todavía tenía poder para hipnotizar con un videoclip y convertir a un músico en la obsesión de millones de adolescentes alrededor del mundo. Antes del streaming y sus algoritmos de recomendación; antes del boom de Coachella y sus infinitas réplicas, existió una especie que ya no puede reproducirse: porque el rock murió, porque la atención se volvió la moneda más valiosa del planeta, porque la profecía de Andy Warhol se cumplió y todos seremos famosos, al menos en videos de 15 segundos. Homme pertenece a ese tiempo extinto y, sin embargo, hoy sigue siendo capaz de reventar escenarios e hipnotizar con su guitarra a decenas de miles de seguidores en Europa, América Latina y su na