Después de la Conquista, el juego de pelota o teotlachco mexica “fue considerado por las autoridades españolas una práctica asociada a creencias contrarias a la religión cristiana y, debido a su estrecha relación con los rituales indígenas, fue progresivamente restringido, y en algunos casos, castigado”. Muestra Esta referencia histórica se describe en la exposición “El juego de pelota en Tenochtitlán”, que se inauguró en el Museo del Templo Mayor, donde hasta finales de septiembre se podrán apreciar más de 100 piezas relacionadas con esta estructura ritual, también llamada “el juego de los dioses”, cuyo único fragmento visible en la actualidad fue descubierto por el Programa de Arqueología Urbana (PAU) en 2014 y se encuentra bajo los cimientos del Hotel Catedral, en la calle Guatemala número 16. En el recorrido por la exposición temporal, con museografía de Bianca Moreno y curada por Raúl Barrera Rodríguez, director del PAU, así como por los también arqueólogos Lorena Vázquez Vallín y Eduardo Matos Moctezuma
Juego de pelota cautivó a conquistadores
Después de la Conquista, el juego de pelota o teotlachco mexica “fue considerado por las autoridades españolas una práctica asociada a creencias contrarias a la religión cristiana y, debido a su estrecha relación con los rituales indígenas, fue progresivamente restringido, y en algunos casos, castigado”. Muestra Esta referencia histórica se describe en la exposición “El juego de pelota en Tenochtitlán”, que se inauguró en el Museo del Templo Mayor, donde hasta finales de septiembre se podrán apreciar más de 100 piezas relacionadas con esta estructura ritual, también llamada “el juego de los dioses”, cuyo único fragmento visible en la actualidad fue descubierto por el Programa de Arqueología Urbana (PAU) en 2014 y se encuentra bajo los cimientos del Hotel Catedral, en la calle Guatemala número 16. En el recorrido por la exposición temporal, con museografía de Bianca Moreno y curada por Raúl Barrera Rodríguez, director del PAU, así como por los también arqueólogos Lorena Vázquez Vallín y Eduardo Matos Moctezuma