Katalin Karikó gana el Nobel de Medicina

Su alta silueta no intimida, sino todo lo contrario: ánima a darle un vistazo al mundo a través de una nueva mirada. Ella, definitivamente, está a otra altura, pero una donde los conceptos científicos complejos se pueden traducir en soluciones claras. La primera pregunta tiene que ver con su trabajo en ARN mensajero (ARNm) con el que se logró una nueva generación de vacunas contra el covid-19. La retrospectiva ocurre a dos años del inicio de la pandemia. El inicio de la historia de Katalin se remonta al 17 de enero de 1955, en Szolnok, ciudad medieval al centro de Hungría, donde le gustaba trepar a los árboles para espiar entre los nidos a los pájaros y verlos salir del cascarón. Pero otro de sus inicios es cuando comienza su pasión por el ARNm. El momento se difumina entre varias pasiones, pero se aproxima más cuando a los 23 años aceptó un puesto en el Laboratorio de Química de Nucleótidos del Instituto de Biofísica, en la Academia de Ciencias de Hungría. Aunque ya se conocía la existencia de este material