La errata, un universo rico y variado

La errata y los erratones, como llamaba Pablo Neruda a esos errores cometidos en un escrito, son un fenómeno propio de las imprentas y son el horror de los editores, asegura Alejandro Higashi, filólogo y especialista en ecdótica, quien da ejemplos de erratas en la literatura hispanoamericana, pero sobre todo revisa y analiza con detalle el libro Observaciones a las obras de Ramón López Velarde (edición de José Luis Martínez), de Carlos Ulises Mata, una edición con un tiraje de 33 ejemplares —sobre los años de vida de López Velarde— en la que refiere haber hallado 900 “locus” (ocasiones) de variantes o erratas. El doctor en Literatura Hispánica por El Colegio de México, profesor investigador de la UAM-Iztapalapa, y quien desde 2015 ocupa la silla I de la Academia Mexicana de la Lengua, asegura que la errata acompaña el trabajo editorial y la comunicación escrita, y que entre los editores es típico decir que no hay libro sin erratas. Para ejemplar ese dicho, cita una historia que le parece apócrifa, pero ha pas