La ópera es un arte incómodo

La ópera es un arte incómodo, considera el tenor Ramón Vargas cuando se le consulta por qué México no ha podido consolidarse como potencia mundial en el bel canto si cuenta con el capital humano para lograrlo: cantantes, directores escénicos, escenógrafos y músicos de reconocida trayectoria internacional, como es su caso. "Lo que falta para dar ese salto en la ópera es voluntad, y no sólo de los que la dirigen, sino del gobierno. La ópera resulta incómoda por lo costosa que es, al conjuntar varias disciplinas artísticas. Las autoridades piensan que en lugar de cuatro funciones de esta expresión quizá es mejor programar igual número de conciertos y presentaciones de ballet y teatro", explica. "Además, se necesita más tiempo para prepararla, más ensayos, y el Palacio de Bellas Artes perdió la esencia que tenía como teatro para ópera, ballet y conciertos; no nació para eso y ahora se ha vuelto un lugar para todo y todo mundo quiere estar allí; quizá lo merece, pero no se puede, es un problema muy grande", destac