La paleogenómica traza los orígenes del Homo sapiens

Alessandro, un trabajador en busca de piedra caliza para la construcción, entró en una cueva conocida como Kleine Feldhofer, situada en una cantera en Erkrath, Alemania, a unos 12 kilómetros de Düsseldorf. Al fondo del lugar, enterrados en el barro, se encontraron restos de 15 huesos de una antigua raza humana. Era agosto de 1856 y los hallazgos en la pequeña cueva del valle Neander se convirtieron en un hecho que con el tiempo cambiaría la perspectiva de la evolución humana. Los fragmentos de cráneo, fémur, pelvis, clavícula y costillas, poco a poco tomaron una identidad. En 1864, William King, anatomista irlandés del Queen´s College de Galway, propuso que se trataba de una especie humana hasta entonces desconocida a la que llamó Homo neanderthalensis, pero pasaría aun siglo y medio para que estos lejanos habitantes de la Tierra susurraran todos sus secretos a través del estudio de células con 40 mil años de antigüedad. Datos genéticos y el Nobel El genoma es el conjunto completo de instrucciones del ADN que