En pleno corazón de la colonia Moctezuma, en la delegación Venustiano Carranza de la Ciudad de México, la bóveda de la parroquia del Perpetuo Socorro luce majestuosa. Al fin, luego de 17 años y medio, don Miguel Macías, vecino de la zona, terminó de pintar una réplica de la Capilla Sixtina. "Fue una locura, pero ya está", dice el maestro, como lo llaman los feligreses y la veintena de jóvenes que en el transcurso de casi dos décadas, sobre todo al final, lo ayudaron a concluir el proyecto que, literalmente, le costó sangre, sudor y lágrimas. Pero don Miguel, de 73 años, no se considera artista, mucho menos pintor. Se describe como diseñador gráfico, cocinero, inventor y escritor, a quien un día de 2001, "por casualidad", luego de un viaje a Europa que prácticamente le regalaron, y al visitar el Vaticano, debajo del impresionante fresco renacentista, se le ocurrió copiar esa magna obra, en tamaño natural. La Capilla Sixtina de la Moctezuma, como ya se le conoce, es también un obsequio permanente para la Ciudad
Lista la Capilla Sixtina de la Moctezuma
En pleno corazón de la colonia Moctezuma, en la delegación Venustiano Carranza de la Ciudad de México, la bóveda de la parroquia del Perpetuo Socorro luce majestuosa. Al fin, luego de 17 años y medio, don Miguel Macías, vecino de la zona, terminó de pintar una réplica de la Capilla Sixtina. "Fue una locura, pero ya está", dice el maestro, como lo llaman los feligreses y la veintena de jóvenes que en el transcurso de casi dos décadas, sobre todo al final, lo ayudaron a concluir el proyecto que, literalmente, le costó sangre, sudor y lágrimas. Pero don Miguel, de 73 años, no se considera artista, mucho menos pintor. Se describe como diseñador gráfico, cocinero, inventor y escritor, a quien un día de 2001, "por casualidad", luego de un viaje a Europa que prácticamente le regalaron, y al visitar el Vaticano, debajo del impresionante fresco renacentista, se le ocurrió copiar esa magna obra, en tamaño natural. La Capilla Sixtina de la Moctezuma, como ya se le conoce, es también un obsequio permanente para la Ciudad