De las calles de Seattle a los escenarios internacionales, Macklemore ha construido una carrera atravesada por el éxito, la independencia, las adicciones, la paternidad, el activismo y las preguntas sobre identidad y privilegio. Su historia es la de un artista que alcanzó la cima sin seguir el camino tradicional de la industria y que, después de conquistar las listas mundiales, decidió utilizar su voz para hablar también de aquello que incomoda. Benjamin Hammond Haggerty nació el 19 de junio de 1983 en Seattle, Washington. Desde adolescente encontró en el hip-hop una forma de expresión y comenzó a desarrollar una identidad artística que inicialmente llevaba un nombre mucho más largo: Professor Macklemore. En 2000 publicó Open Your Eyes, un primer trabajo que todavía pertenecía al circuito independiente. Cinco años después apareció The Language of My World, un álbum que mostraba a un artista todavía en proceso de encontrar su voz definitiva. No había entonces grandes éxitos ni estadios llenos. Había, en cambio
Macklemore el rapero del que todos hablan
De las calles de Seattle a los escenarios internacionales, Macklemore ha construido una carrera atravesada por el éxito, la independencia, las adicciones, la paternidad, el activismo y las preguntas sobre identidad y privilegio. Su historia es la de un artista que alcanzó la cima sin seguir el camino tradicional de la industria y que, después de conquistar las listas mundiales, decidió utilizar su voz para hablar también de aquello que incomoda. Benjamin Hammond Haggerty nació el 19 de junio de 1983 en Seattle, Washington. Desde adolescente encontró en el hip-hop una forma de expresión y comenzó a desarrollar una identidad artística que inicialmente llevaba un nombre mucho más largo: Professor Macklemore. En 2000 publicó Open Your Eyes, un primer trabajo que todavía pertenecía al circuito independiente. Cinco años después apareció The Language of My World, un álbum que mostraba a un artista todavía en proceso de encontrar su voz definitiva. No había entonces grandes éxitos ni estadios llenos. Había, en cambio