Marilyn, el arquetipo de una estrella

De Marilyn Monroe se puede decir de todo en el mundo del cine: fue la “rubia torpe” de películas, pero también la actriz dominante de los 50 con más de 200 millones de dólares recaudados en taquilla, que para entonces era una maravilla. Si bien hizo mayoritariamente comedias, consideradas por muchos como un género menor, eso le dio el poder para fundar su propia casa productora. ¿Algo más? Bueno, basta ver su lista de directores y ninguno, dado su carácter y trayectoria, habría aceptado estar con alguien sin talento: John Huston (El tesoro de Sierra Madre) la tuvo en Los inadaptados, al lado del difícil Clark Gable; Billy Wilder (Sunset Boulevard) la coordinó en La comezón del séptimo año; Howard Hawks (Al borde del abismo) en Los caballeros las prefieren rubias, y Laurence Olivier (Hamlet) en El príncipe y la corista. Nunca estuvo nominada al Óscar, pero sí al Bafta inglés; además obtuvo tres Globos de Oro, uno de estos por la minimizada Una Eva y dos Adanes. Su propio sello “Creó una imagen, por más que los