A los 47 años, Margo Glantz Shapiro entró a la literatura con el pie izquierdo; ninguna editorial quiso publicar su primera novela: Las mil y una calorías, novela dietética porque su apuesta era por una narrativa fragmentaria. Hoy, a sus 90 años (que celebró el pasado martes), la narradora, ensayista, crítica literaria y académica es una de las voces contemporáneas más transgresoras y radicales de la literatura hispanoamericana. Sin embargo, la etiqueta de transgresora no le inquieta, prefiere decir que ha sido coherente, "mantuve esa escritura porque pensé que era la única forma en que yo podía expresarme y no hice concesiones, traté de mantenerme coherente", afirma la autora de El rastro, Las genealogías y Saña, quien es integrante de la Academia Mexicana de la Lengua, profesora emérita de la UNAM, Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances y consejera del Centro de Estudios de Historia de México Carso. "Siempre trabajé el fragmento y ese fue uno de los problemas fundamentales para no publicar ficción ha
"Me empiezo a sentir una joya arqueológica"
A los 47 años, Margo Glantz Shapiro entró a la literatura con el pie izquierdo; ninguna editorial quiso publicar su primera novela: Las mil y una calorías, novela dietética porque su apuesta era por una narrativa fragmentaria. Hoy, a sus 90 años (que celebró el pasado martes), la narradora, ensayista, crítica literaria y académica es una de las voces contemporáneas más transgresoras y radicales de la literatura hispanoamericana. Sin embargo, la etiqueta de transgresora no le inquieta, prefiere decir que ha sido coherente, "mantuve esa escritura porque pensé que era la única forma en que yo podía expresarme y no hice concesiones, traté de mantenerme coherente", afirma la autora de El rastro, Las genealogías y Saña, quien es integrante de la Academia Mexicana de la Lengua, profesora emérita de la UNAM, Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances y consejera del Centro de Estudios de Historia de México Carso. "Siempre trabajé el fragmento y ese fue uno de los problemas fundamentales para no publicar ficción ha