En junio pasado, la cineasta Indira Cato y su equipo de producción femenino arribaron al Festival Internacional de Cine en Guadalajara y, como las veían jóvenes, todos les preguntaban si iban a un taller o presentarían un corto. “No, es un largo y está en competencia”, respondían orgullosas. “Y entonces se desconcertaban, no se explicaban cómo cuatro chavitas estaban ahí caminando por los pasillos para eso”, recuerda Indira. Días después, su documental Llamarse Olimpia, sobre Olimpia Coral Melo, la activista que en 2018 logró la promulgación de una ley que castiga a las personas que difundan videos íntimos sin consentimiento, triunfó como mejor película. La propia Olimpia pidió que se apoyara al cine de mujeres y ahora, meses después, parece que las cosas se han alineado para ello. La cinta llega a cines esta semana, pero no lo hace sola, en paralelo estrenarán otras dos producciones también dirigidas por mujeres: Rebeladas, sobre un colectivo olvidado de realizadoras de los 70, y Pola Weiss, retrato de la pi
Mexicanas toman la pantalla
En junio pasado, la cineasta Indira Cato y su equipo de producción femenino arribaron al Festival Internacional de Cine en Guadalajara y, como las veían jóvenes, todos les preguntaban si iban a un taller o presentarían un corto. “No, es un largo y está en competencia”, respondían orgullosas. “Y entonces se desconcertaban, no se explicaban cómo cuatro chavitas estaban ahí caminando por los pasillos para eso”, recuerda Indira. Días después, su documental Llamarse Olimpia, sobre Olimpia Coral Melo, la activista que en 2018 logró la promulgación de una ley que castiga a las personas que difundan videos íntimos sin consentimiento, triunfó como mejor película. La propia Olimpia pidió que se apoyara al cine de mujeres y ahora, meses después, parece que las cosas se han alineado para ello. La cinta llega a cines esta semana, pero no lo hace sola, en paralelo estrenarán otras dos producciones también dirigidas por mujeres: Rebeladas, sobre un colectivo olvidado de realizadoras de los 70, y Pola Weiss, retrato de la pi