El invierno me golpeó el año pasado: a mi cuerpo le faltaba ese calor colérico de Tuxtla que nunca se va. La melancolía me adelgazó la cara. Una tarde un amigo me invitó a ver la versión coreográfica de Anna Karenina en el Lincoln Center. Recuerdo sobre todo a las muchachas rusas, sus zapatillas y sus largos abrigos, correr para acomodarse en los asientos. Después vino el telón y detrás del telón los cuerpos, la historia de una mujer imaginada por un hombre en el siglo XIX, ahora diríamos quizá no insatisfecha, y mucho menos adúltera, quizá una mujer que de haber tenido posibilidades de hablar no se habría tirado a las vías. Pero el canon sería entonces otro y no es este y la escena en el teatro habría sido otra y no ésa. Y lo que la compañía de danza interpretó de una manera brutal fue el lapso en el que a ella los pájaros se le arremolinaron en la cabeza: mientras el círculo de luz le impedía moverse, la música de la orquesta y el sonido cada vez más alto de la máquina del tren la hicieron saltar. Se alzaro
Nadia Villafuerte compartió unas palabras
El invierno me golpeó el año pasado: a mi cuerpo le faltaba ese calor colérico de Tuxtla que nunca se va. La melancolía me adelgazó la cara. Una tarde un amigo me invitó a ver la versión coreográfica de Anna Karenina en el Lincoln Center. Recuerdo sobre todo a las muchachas rusas, sus zapatillas y sus largos abrigos, correr para acomodarse en los asientos. Después vino el telón y detrás del telón los cuerpos, la historia de una mujer imaginada por un hombre en el siglo XIX, ahora diríamos quizá no insatisfecha, y mucho menos adúltera, quizá una mujer que de haber tenido posibilidades de hablar no se habría tirado a las vías. Pero el canon sería entonces otro y no es este y la escena en el teatro habría sido otra y no ésa. Y lo que la compañía de danza interpretó de una manera brutal fue el lapso en el que a ella los pájaros se le arremolinaron en la cabeza: mientras el círculo de luz le impedía moverse, la música de la orquesta y el sonido cada vez más alto de la máquina del tren la hicieron saltar. Se alzaro