“Se ha roto el mundo de las certezas, de las definiciones, de las verdades absolutas. Los valores han cambiado, vivimos en la subjetividad. Por esto urge recobrar el equilibrio interno”, afirma sin dudar el coreógrafo mexicano Óscar Ruvalcaba. “Ya no creemos que existe una verdad absoluta que define todo. Ahora sabemos que permea la subjetividad, la hibridez, que la misma verdad es subjetiva. Era más fácil decir esto es bueno o malo, esto es danza o teatro, hombre o mujer. Pero hoy ese universo es menos aplicable. Eso nos ha movido mucho”, comenta en entrevista el también bailarín. Admite que le preocupa “el positivismo infantil y ciego” de la sociedad actual y la “especie de mareo o embriaguez” que se vive por el momento, por el presente, por las redes sociales. “Si la verdad es subjetiva, deberíamos admitir que la mentira también lo es. Hay que reconocer la sombra, darle espacio. Todo es engañoso, por eso es importante regresar a las verdades absolutas”, agrega. Esta reflexión, “aunada al viaje de tres años
Óscar Ruvalcaba y el espacio que junta luz
“Se ha roto el mundo de las certezas, de las definiciones, de las verdades absolutas. Los valores han cambiado, vivimos en la subjetividad. Por esto urge recobrar el equilibrio interno”, afirma sin dudar el coreógrafo mexicano Óscar Ruvalcaba. “Ya no creemos que existe una verdad absoluta que define todo. Ahora sabemos que permea la subjetividad, la hibridez, que la misma verdad es subjetiva. Era más fácil decir esto es bueno o malo, esto es danza o teatro, hombre o mujer. Pero hoy ese universo es menos aplicable. Eso nos ha movido mucho”, comenta en entrevista el también bailarín. Admite que le preocupa “el positivismo infantil y ciego” de la sociedad actual y la “especie de mareo o embriaguez” que se vive por el momento, por el presente, por las redes sociales. “Si la verdad es subjetiva, deberíamos admitir que la mentira también lo es. Hay que reconocer la sombra, darle espacio. Todo es engañoso, por eso es importante regresar a las verdades absolutas”, agrega. Esta reflexión, “aunada al viaje de tres años