Myrthokleia González pone sus pies sobre el cemento fresco, lleva puestos unos tenis negros, desgastados. Se detiene un instante a mirar su propia huella, respira profundo, observa a su alrededor y se encuentra con la mirada de otros 17 hombres y mujeres que, junto con ella, formaron parte del Movimiento Estudiantil de 1968. Las huellas de todos ellos dan vida al Monumento a la Ausencia, de la artista israelí Yael Bartana, que se está creando como parte de las acciones de reparación colectiva dictaminadas por la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) del gobierno federal, en colaboración con el Centro Cultural Universitario Tlatelolco de la UNAM. Myrthokleia fue integrante del Consejo Nacional de Huelga (CNH) y acudió el 2 de octubre, se encontraba en el edificio Chihuahua. Ella estaba dando la voz a los oradores cuando, recuerda, las luces de bengala iluminaron el cielo y comenzaron los disparos. A 500 metros de la Plaza de las Tres Culturas explica a la prensa cómo aquella tarde, tras la balacera,
Plasman huellas de sobrevivientes del 68
Myrthokleia González pone sus pies sobre el cemento fresco, lleva puestos unos tenis negros, desgastados. Se detiene un instante a mirar su propia huella, respira profundo, observa a su alrededor y se encuentra con la mirada de otros 17 hombres y mujeres que, junto con ella, formaron parte del Movimiento Estudiantil de 1968. Las huellas de todos ellos dan vida al Monumento a la Ausencia, de la artista israelí Yael Bartana, que se está creando como parte de las acciones de reparación colectiva dictaminadas por la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) del gobierno federal, en colaboración con el Centro Cultural Universitario Tlatelolco de la UNAM. Myrthokleia fue integrante del Consejo Nacional de Huelga (CNH) y acudió el 2 de octubre, se encontraba en el edificio Chihuahua. Ella estaba dando la voz a los oradores cuando, recuerda, las luces de bengala iluminaron el cielo y comenzaron los disparos. A 500 metros de la Plaza de las Tres Culturas explica a la prensa cómo aquella tarde, tras la balacera,