Podría morir en el escenario: André

Son las 12:30 de la tarde en Coyoacán. Alfonso André desciende de un taxi con una pequeña maleta en la mano, destaca su cabello más largo incluso que cuando grabó su primer disco con Caifanes. Entonces, sonríe tímidamente, como quien guarda un secreto, y, despreocupado, cruza tranquilo una reja. Esa casa es suya, pero siempre será la de sus padres. Ha vivido allí desde niño. Ya en el patio trasero, Alfonso limpia un poco una mesa de cristal y se sienta distraído, su mirada persigue a una mariposa que revolotea y tararea “Yellow submarine”, de The Beatles. Con 60 años, André continúa siendo el baterista de Caifanes, sigue de gira con ellos, y en descansos como éstos trabaja en su proyecto como solista y toma un tiempo para su familia. “Siendo el baterista, eres el más anónimo, lo cual me encanta”, se sincera, como para que no se confunda su semblante con enojo. “Estar ahí enfrente todo el tiempo no es lo mío, soy una persona más introvertida, no tengo la personalidad del cantante que tiene el ego más inflado y