Protagonizar su filme fue su regalo

"¡En lugar de fiesta, hacemos película!", le dijo el cineasta Marcelino Islas Hernández a su hija Sofía, entonces quinceañera, quien sería la protagonista. Al principio la adolescente no quería porque le daba pena, pero se animó y durante cinco semanas rodó Mi novia es la revolución, que espera este año iniciar recorrido en festivales. La cinta es un coming of age; es decir, una historia en un tiempo determinado y donde sus jóvenes personajes muestran inquietudes de su edad y caminan a la maduración. "Sucede en 1994 y vemos a este personaje llegar a las Arboledas, Estado de México porque sus papás se divorciaron. En esa colonia no pasa nada" relata Islas. "Un día se encuentra a Eva, una chica robando en su casa y a partir de ahí encuentra otra vida, encuentra el amor, el crecimiento, las percepciones que la llevan por vez primera a madurar", explica Islas Hernández, quien siempre pensó en su hija como el personaje estelar para que ella se diera cuenta de lo que podía lograr. "Fue un lindo proceso verla crecer