Una analogía del paraíso-infierno en el teatro

Como una maquinaria para sublimar el dolor a través del arte se concibe “Soy mi diablo”, unipersonal escrito, dirigido e interpretado por la bailarina Angélica Baños, en el que lo coreográfico y el drama confluyen. La herida y el dolor son, dice, el germen creativo. “La idea pulsátil es que la pieza se detenga en un estado contemplativo de dolor y tener, de pronto, la analogía paraíso-infierno con sus emociones que se tornan oscuras; trata de cómo un lugar o una situación que evoca bienestar puede romperse, convirtiéndose en un infierno donde uno mismo es quien sigue lastimándose”, explica Baños en entrevista. La historia que representa en escena es la de una mujer que llega al teatro y antes de empezar la función se dirige al público; tiene ganas de hablar, de contar cosas importantes: empieza por relatar su vida, pero cuando menciona una perra callejera, herida, que adoptó, se trastoca la narrativa. “Su historia se entreteje con la de la perra y se crea la metáfora —desde la primera capa narrativa, el momen