Una vida contada desde el ropero de Gabo

Hay la sensación de profanar el mundo más íntimo de Gabriel García Márquez al tocar sus sacos de tweed, muchos a cuadros, y hurgar en las costuras y tallas; hay una curiosidad fervorosa al palpar las camisas diseñadas para el Nobel por el camisero Raúl González, y hay también el gozo fetichista de pasar la vista por las corbatas y pañuelos de seda, sentir los overoles en los que se enfundaba para escribir o la chamarra de mezclilla con la que el autor de Cien años de soledad aparece en algunas de sus fotografías. Hay una intrusión al mito y una invasión profana al universo personal del imaginador de Macondo, el narrador que vivió su vida en México entre rosas amarillas y una calefacción perpetua para sentirse en su Caribe colombiano, como asegura su hijo Gonzalo; hay un deseo de sentir esencia y presencia en sus gabardinas y abrigos, en los botines de piel y zapatos coloridos del número 7.5. Es el placer de descubrir "El armario de los García Márquez": unas 400 piezas que Emilia García Elizondo y la familia