¿Abrazos, señor Presidente?

"Abrazos, no balazos". Como podría decir el maestro Catón: Hágame usted el refabrón cabor, señor Presidente. ¿Cómo pudo proponer eso? ¿Acaso no le han dicho cómo han evolucionado las bandas de delincuentes? Aunque en Culiacán, mi tierra, parece que ocurrió al revés: balazos y luego abrazos. Aquí no ha pasado nada, que siga la fiesta. Le teníamos mucha fe, señor Presidente. Cuando habló de amnistía, nos entró la duda, y con lo que acaba de ocurrir, no sabemos qué pensar. Dice usted que el gabinete de seguridad se reúne todos los días, pero los culichis nos preguntamos para qué. Claro, toman café, desayunan y seguramente discuten planes. Los culichis somos un pueblo indomable, trabajador, señor Presidente, y la forma tan burda en que se realizó ese operativo para la detención de Guzmán nos lastimó. Nos atropellaron. Familias enteras fueron testigos de lo frágil de la estrategia empleada. ¿Imagina a su niño tirado en el pavimento, aterrado por los disparos? Pues muchos de nuestros niños experimentaron ese moment