Coalición constructiva, no alianza opositora

Existen dos visiones para plantear la defensa de la democracia. La primera es creer que lo único que pone en riesgo el desarrollo del país es el embate autoritario emprendido por Morena; y la segunda, que Morena y sus impulsos antidemocráticos son apenas el síntoma de una enfermedad mayor. Bajo la primera, México está dividido —como quiere hacer creer el alto mando morenista— entre guindas y antiguindas. En este escenario, lo correcto es una alianza entre para detener a "ellos". Una alianza que comparta no solo objetivos similares —un triunfo en 2024—, sino también un plan común para detener a un populismo que, como explica el politólogo Jan-Werner Müller (2018), tiene en su núcleo un antipluralismo que busca "excluir a otros (...) de la más básica identidad política". Bajo la segunda óptica, lo que el país vive es algo que Morena y su líder no han creado, sino simplemente cosechado. Es decir: la democracia en México ya presentaba peligrosas contradicciones que han sido explotadas con perversidad por el grupo