Costos

Se anunciaron los cambios en el gabinete, sin que se explicara o se ofrecieran las razones para la remoción de Luis Videgaray como secretario de Hacienda. A decir verdad, tampoco resultaba necesario. Su salida no tuvo que ver con el comportamiento de la economía, los niveles de endeudamiento o la manera de ejercer el gasto público. Su renuncia obedece a que, seguro como se sentía de la confianza del presidente, Videgaray incursionó en las lides diplomáticas, impuso su visión y sumergió al gobierno en una de las crisis políticas e internacionales más severas en memoria reciente. La diplomacia es una profesión engañosa. Para quienes no la han practicado, vista desde afuera, parece una actividad sencilla, cargada de símbolos en apariencia irrelevantes y mensajes protocolarios. En días pasados, hemos podido constatar de la manera más cruel que una ejecución diplomática errónea puede resultar muy costosa para un gobierno. Entre el recuento de daños está, por supuesto, esta renuncia de Videgaray que no estaba en e