Cuando el poder femenino incomoda al patriarcado

Las mujeres han roto techos de cristal, alcanzando presidencias en decenas de naciones. Han demostrado que la capacidad de liderar no entiende de géneros. Sin embargo, ocupar el cargo no ha bastado para desterrar una cultura patriarcal que insiste en minimizar a las mujeres en el poder. El problema no es llegar; es que una vez ahí, el menosprecio se convierte en una sombra constante. Presidentas y jefas de Estado han enfrentado sexismo y cuestionamientos a su capacidad por el hecho de ser mujeres, enfocándose en su apariencia, vida privada y “emocionalidad” en lugar de su quehacer como jefas del ejecutivo; ocupar el cargo no ha bastado para desterrar una cultura patriarcal que insiste en minimizar a las mujeres en el poder. La expresidenta chilena Michelle Bachelet lo experimentó. Al inicio de su primer mandato, denunció lo que definió como “feminicidio político”: los viejos machos del poder no querían dejarla pasar. La primera ministra neozelandesa Jacinda Ardern enfrentó el escrutinio desde antes de asumi