Cuando los jueces ya no necesitan convencer

En las últimas semanas se ha escuchado frases sorprendentes en las sesiones de la nueva Suprema Corte. Algunas de ellas han causado desconcierto: afirmaciones discutibles, argumentos débiles o simplemente ideas que difícilmente habrían pasado el escrutinio jurídico en otros momentos. Pero quizá el problema no sea la anécdota. El problema puede ser más profundo. Durante mucho tiempo, la autoridad de los jueces constitucionales descansó en una premisa sencilla: su legitimidad provenía de la fuerza de sus argumentos. Los jueces no ganaban elecciones. No representaban mayorías. Su poder se justificaba de otra manera: debían persuadir. Sus decisiones podían ser obligatorias, pero su autoridad descansaba en la razón. Por eso las sentencias se escribían como si fueran un ejercicio de convencimiento. El juez debía explicar, justificar, dialogar con la Constitución, con la ley, con la doctrina y con los precedentes. Su poder no era el de la voluntad, sino el de la argumentación. Esa lógica puede estar cambiando. Cua