Cumplir también es una forma de gobernar

El inicio de un año no concede treguas ni excusas. Es el primer momento en el que la política queda expuesta sin filtros: o hay coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, o la simulación vuelve a quedar al descubierto. Hoy la ciudadanía observa con más atención que nunca y con menos paciencia que antes. La política mexicana atraviesa un punto de quiebre. Ya no basta con ocupar el cargo, ni con administrar el discurso, ni con alinearse estratégicamente. El país exige resultados. Exige saber quién trabaja y quién solo administra presencia. Y esa diferencia, cada vez más evidente, es la que define la credibilidad pública. Por eso este año no empezó con anuncios ni con agendas de escritorio. Empezó en el territorio; el mensaje fue claro: la representación no se ejerce a distancia. Se ejerce estando, escuchando y regresando. Porque gobernar sin territorio es administrar desde la comodidad; representar es asumir responsabilidades frente a la gente. El trabajo legislativo continúa en la Cámara de Diputados