De tratantes y consumidores

De acuerdo con la ONU, 67 por ciento de las víctimas de trata de personas son mujeres y niñas, y 33 por ciento hombres y niños. Hace 11 años, dos de cada 10 víctimas eran niñas y niños; hace siete años la proporción subió a 3, y actualmente es de cuatro de cada 10. Todo en la trata es grave y vergonzoso: el exorbitante número de víctimas, las enormes ganancias ilegales, el secuestro violento y prolongado de la libertad, la imposición ventajosa de una voluntad sobre otra, la humillación, el terror. Y puede llegar a ser más oprobioso e indignante, como cuando sabemos que cada vez hay más niñas, niños y adolescentes en sus redes, o cuando reconocemos que en gran medida la trata está "naturalizada" y es, en consecuencia, tolerada cultural y socialmente. No es sólo que criminales sin escrúpulos equiparen a seres humanos con mercancía, sino que personas que se ven a sí mismas con indulgencia demanden, sostengan y alienten la oferta. Como en cualquier mercado legal o ilegal, sin consumidores no hay negocio. Puede pa