El 13 de mayo de 1888, en el balcón central del Palacio Imperial de Río de Janeiro, una joven de figura grácil y rostro sereno, la princesa Isabel de Braganza, hija y heredera del emperador Pedro II, daba lectura al decreto de promulgación de la Ley Áurea, que ponía fin a más de tres siglos de esclavitud en Brasil. La decisión tomada por el monarca que gobernó al mayor país de América Latina entre 1840 y 1889, lo enemistó con casi todos los grupos de poder, incluidos los militares. Así se inició una nueva fase en la historia de una nación inmersa entonces en hábitos arcaicos, crueles y a la vez paternalistas, a la que fueron llevados por la fuerza desde el África occidental dos millones de seres humanos entre los siglos XVI y XVIII. No obstante aquel decreto de abolición de la lacra social más denigrante que haya existido en Brasil, la condición de los negros no ha variado de modo sustancial desde entonces. Así los refieren los estudios científicos más serios difundidos por organizaciones. Aportaciones Sin qu
"Democracia racial de Brasil es un mito"
El 13 de mayo de 1888, en el balcón central del Palacio Imperial de Río de Janeiro, una joven de figura grácil y rostro sereno, la princesa Isabel de Braganza, hija y heredera del emperador Pedro II, daba lectura al decreto de promulgación de la Ley Áurea, que ponía fin a más de tres siglos de esclavitud en Brasil. La decisión tomada por el monarca que gobernó al mayor país de América Latina entre 1840 y 1889, lo enemistó con casi todos los grupos de poder, incluidos los militares. Así se inició una nueva fase en la historia de una nación inmersa entonces en hábitos arcaicos, crueles y a la vez paternalistas, a la que fueron llevados por la fuerza desde el África occidental dos millones de seres humanos entre los siglos XVI y XVIII. No obstante aquel decreto de abolición de la lacra social más denigrante que haya existido en Brasil, la condición de los negros no ha variado de modo sustancial desde entonces. Así los refieren los estudios científicos más serios difundidos por organizaciones. Aportaciones Sin qu