Desesperados, enojados y sin nada que perder

La semana pasada en varios lugares de la República mexicana hubo levantamientos armados por parte de los ciudadanos. Algunos de ellos organizados por las proclamadas auto-defensas, como en el caso de Michoacán, quienes, fusil en mano, arrebataron sus armas y sometieron a los miembros del ejército mexicano que las custodiaban. Algunos comentarios aplaudieron los actos calificándolos de heroicos por tomar la justicia en propia mano, otros, en cambio, aminoraron los hechos diciendo que son unos cuantos grupos de «revoltosos» y nada más. Mientras que otros etiquetaron a estas personas como delincuentes. Darle forma de romanticismo, arrojar estos hechos a la trivialidad o juzgar a los individuos antes de cualquier proceso o prueba, implica que no estamos comprendiendo nuestra realidad; estamos siendo imprudentes. De la forma en que son contados algunos pasajes de nuestra historia, la forma en que ciertos autores describen algunos hechos históricos, biógrafos y anecdotarios, todos en algún momento nos han hecho pen