Dos caras de Brasil: armas y prestigio diplomático

En tiempos de la dictadura militar que sometió a Brasil a un arbitrio autoritario que anestesió toda iniciativa política y social a lo largo de casi dos decenios (1964-1985), el auge armamentista ofrecía un amplio menú que, inusitadamente, alcanzó una fama sin precedentes en los mercados exportadores de artilugios bélicos. Carente entonces de una industria petrolera potente, los militares brasileños establecieron convenios con las naciones árabes para proporcionar crudo sin refinar, a cambio de tanques, aviones y armas ligeras. Bajo realidades diferentes a las que prevalecían en el siglo XX, ahora no solamente de soya y otras materias primas viven las exportaciones brasileñas, pues existe otro comercio, letal por naturaleza, en el cual la gran nación sudamericana destaca sobradamente. Se trata del mercado de revólveres, pistolas, ametralladoras, fusiles, lanzagranadas, artillería antitanques, municiones y morteros. Además de enviar al exterior grandes futbolistas y top models que muestran su increíble belleza