El 8 de marzo no sólo significaba ir a marchar y encontrarse con otras mujeres en el camino, sino también la catarsis colectiva que ello implicaba y la sensación de que ese día marcaba, de alguna manera, el rumbo de las discusiones y luchas del resto del año. Sin embargo, desde hace algún tiempo esa sensación se ha ido diluyendo. Y no por las mujeres en sí, ni por las jóvenes que siguen acercándose al movimiento, sino por las acciones del propio gobierno. No se puede negar que en los últimos años se ha legislado para nombrar distintas formas de violencia e incorporarlas a la ley lamentablemente, casi siempre a través de reformas a los códigos penales. Tampoco se puede negar que hoy hay más mujeres en los congresos, que se tiene una mujer presidenta, gobernadoras, juzgadoras y, por primera vez, una mayor representación femenina en el pleno de la Suprema Corte. El gobierno habla abiertamente de feminismos sin que sea un tabú. Existe el 25N. Usan el pañuelo verde con menos miedo que antes. Y, aun así, algo pare
El 8M y la ilusión de que “llegamos todas”
El 8 de marzo no sólo significaba ir a marchar y encontrarse con otras mujeres en el camino, sino también la catarsis colectiva que ello implicaba y la sensación de que ese día marcaba, de alguna manera, el rumbo de las discusiones y luchas del resto del año. Sin embargo, desde hace algún tiempo esa sensación se ha ido diluyendo. Y no por las mujeres en sí, ni por las jóvenes que siguen acercándose al movimiento, sino por las acciones del propio gobierno. No se puede negar que en los últimos años se ha legislado para nombrar distintas formas de violencia e incorporarlas a la ley lamentablemente, casi siempre a través de reformas a los códigos penales. Tampoco se puede negar que hoy hay más mujeres en los congresos, que se tiene una mujer presidenta, gobernadoras, juzgadoras y, por primera vez, una mayor representación femenina en el pleno de la Suprema Corte. El gobierno habla abiertamente de feminismos sin que sea un tabú. Existe el 25N. Usan el pañuelo verde con menos miedo que antes. Y, aun así, algo pare