El costo de los derechos

Todos quieren más derechos. (Casi) nadie quiere pagar más impuestos. En esa contradicción aparentemente sencilla se esconde uno de los grandes dilemas de las democracias modernas. Se quiere mejores hospitales, escuelas de calidad, medicamentos disponibles, sistemas de cuidados, calles seguras y tribunales eficientes. Se desea que el Estado garantice una vida digna, pero pocas veces se detiene a pensar en una pregunta incómoda: ¿quién paga todo eso? Los derechos, aunque a veces se olvide decirlo, cuestan. Durante mucho tiempo se pensó que algunos derechos eran gratuitos. La libertad de expresión, por ejemplo, parecía consistir únicamente en que el gobierno se abstuviera de censurar a las personas. Sin embargo, incluso esa libertad requiere jueces que protejan a periodistas perseguidos, instituciones que investiguen agresiones y tribunales capaces de sancionar abusos. Los derechos no viven únicamente en los textos constitucionales, también viven en las instituciones que los hacen realidad. Por eso resulta eng