Los mexicanos están inundados por las campañas y las expectativas del día de las elecciones. Que si la encuesta tal o cual dice tal cosa, que si el sondeo fulano señala otra, que si las mediciones son confiables o no, si están cuchareadas, si la bruja zutana o el espíritu del pulpo adivino ya saben quién va a ganar... La sobrecarga continúa, ya sea en la forma de spots, entrevistas o de mensajes y comunicaciones fake. Hasta aquellas que son verídicas se vuelven cuestionables por el uso e interpretaciones que se les da. Partidos, candidatos y voceros abonan a este clima de escepticismo y desconfianza que aleja a la ciudadanía cada vez más de los procesos electorales. Con frecuencia alarmante escuchamos afirmaciones agresivas y ofensivas, calumnias descaradas o mentirillas encubiertas, y cada quien a su modo le añade un poco de su cosecha. Nada de malo en que los medios y los opinadores tengan sus preferencias o simpatías (así sucede en todo el mundo), pero ahora las campañas acribillan a los mensajeros: si el pe
El día de la elección
Los mexicanos están inundados por las campañas y las expectativas del día de las elecciones. Que si la encuesta tal o cual dice tal cosa, que si el sondeo fulano señala otra, que si las mediciones son confiables o no, si están cuchareadas, si la bruja zutana o el espíritu del pulpo adivino ya saben quién va a ganar... La sobrecarga continúa, ya sea en la forma de spots, entrevistas o de mensajes y comunicaciones fake. Hasta aquellas que son verídicas se vuelven cuestionables por el uso e interpretaciones que se les da. Partidos, candidatos y voceros abonan a este clima de escepticismo y desconfianza que aleja a la ciudadanía cada vez más de los procesos electorales. Con frecuencia alarmante escuchamos afirmaciones agresivas y ofensivas, calumnias descaradas o mentirillas encubiertas, y cada quien a su modo le añade un poco de su cosecha. Nada de malo en que los medios y los opinadores tengan sus preferencias o simpatías (así sucede en todo el mundo), pero ahora las campañas acribillan a los mensajeros: si el pe