Hace ocho años, al asumir Barack Obama, el mundo estaba lleno de esperanzas. Y aunque la esperanza suele ser boba más vale traerla a cuento por aquello de que los desengañados solemos ser los vástagos de los ilusos. Un presidente negro en la Casa Blanca cumplía el sueño más ambicioso de la Ilustración, la cual, en su primera formulación política, la de los Estados Unidos, llevaba la firma de Thomas Jefferson, dueño de esclavos. Más de dos siglos después al fin parecía en trance de cerrarse esa herida fundacional de los Estados Unidos. Y del mundo entero: decía Jean–François Revel, para furor y temblor de la izquierda contemporánea, que casi toda la agenda civil de la igualdad y la equidad, desde el feminismo, pasando por la conciencia ecologista, hasta el matrimonio de los homosexuales, es fruto de la extraña democracia estadounidense, campeona de los derechos individuales (algunos odiosos como el derecho a portar armas) e indiferente (la mitad de ella) a lo que quienes venimos de la otra cultura europea llam
El día más triste
Hace ocho años, al asumir Barack Obama, el mundo estaba lleno de esperanzas. Y aunque la esperanza suele ser boba más vale traerla a cuento por aquello de que los desengañados solemos ser los vástagos de los ilusos. Un presidente negro en la Casa Blanca cumplía el sueño más ambicioso de la Ilustración, la cual, en su primera formulación política, la de los Estados Unidos, llevaba la firma de Thomas Jefferson, dueño de esclavos. Más de dos siglos después al fin parecía en trance de cerrarse esa herida fundacional de los Estados Unidos. Y del mundo entero: decía Jean–François Revel, para furor y temblor de la izquierda contemporánea, que casi toda la agenda civil de la igualdad y la equidad, desde el feminismo, pasando por la conciencia ecologista, hasta el matrimonio de los homosexuales, es fruto de la extraña democracia estadounidense, campeona de los derechos individuales (algunos odiosos como el derecho a portar armas) e indiferente (la mitad de ella) a lo que quienes venimos de la otra cultura europea llam