El dilema de vacunar a niños y adolescentes

Los sistemas sanitarios europeos comenzaron vacunando desde lo más alto de la pirámide poblacional. Primero fueron los mayores de 80 años, siguieron los de 70 y así sucesivamente ha ido descendiendo el llamado a participar en el plan de inmunidad colectiva para neutralizar al SARS-CoV-2. Desde el comienzo ha quedado definido el papel de los adultos; hay que vacunar a tantos como sea posible, por lo menos a 70 %. Sin embargo, conforme la edad de vacunación desciende, los gobiernos se ven obligados a determinar cuál debe ser la función de niños y adolescentes. La decisión de vacunarlos supone un complejo dilema. Por un lado se sabe que los que están sanos son menos susceptibles a manifestar formas graves de la enfermedad; por lo tanto, emergen cuestionamientos sobre la conveniencia de inyectarles el biológico cuando su integridad no está en riesgo. Por el otro, la lucha contra la pandemia requiere de la suma de esfuerzos y entre más personas participen aumentará la protección colectiva. "Esa es la discusión má