El Estado, intérprete de la verdad

“Más vale el abuso de la libertad de opinar que el más leve ejercicio de una restricción”. La sentencia de Jacobo Zabludovsky trasciende la brillantez de una frase afortunada, es el testimonio de un periodista que conoció un México donde la libertad de expresión no era un derecho plenamente garantizado, sino un espacio acotado por los límites que el poder decidía imponer. Por eso conviene escucharla hoy, cuando vuelve a insinuarse la idea de que alguien debe establecer dónde termina la información y comienza la opinión. La intención declarada podría ser proteger el derecho de las audiencias o elevar la calidad del debate público. El riesgo, sin embargo, es mucho mayor: es que el Estado deje de ser garante de una libertad para convertirse, poco a poco, en intérprete de la verdad. La historia demuestra que la censura nunca llega anunciándose como censura, siempre adopta un lenguaje más amable, se presenta como responsabilidad, orden, equilibrio, protección o interés público. Ningún gobierno admite que preten