Durante un partido, todos miran el balón. Es casi inevitable; ahí está la emoción, el grito del técnico que todos llevan dentro, la esperanza. Pero el juego existe porque alguien trazó líneas en la cancha, porque hay reglas que sostienen el orden y un árbitro —aunque a veces lo odien— que las hace cumplir. Con un país pasa lo mismo. La fiesta es legítima, y debe serlo, pero sin orden y estructura no dura. El Mundial 2026 será un gran acontecimiento en lo deportivo, turístico, económico y emocional, si bien conviene mirarlo con calma: México recibirá solo 13 de los 104 partidos, y los análisis más serios anticipan un impacto económico más acotado de lo que las cifras promocionales prometen. Entonces, la verdadera prueba de fuego para el país estará fuera de las canchas, en aquello que las cámaras no enfocan. Estará en los aeropuertos desbordados, en el transporte obligado a una precisión que no es su costumbre, en los alrededores de los estadios donde la densidad humana lo complica todo. En las redes digitale
El Mundial que no se ve en la cancha
Durante un partido, todos miran el balón. Es casi inevitable; ahí está la emoción, el grito del técnico que todos llevan dentro, la esperanza. Pero el juego existe porque alguien trazó líneas en la cancha, porque hay reglas que sostienen el orden y un árbitro —aunque a veces lo odien— que las hace cumplir. Con un país pasa lo mismo. La fiesta es legítima, y debe serlo, pero sin orden y estructura no dura. El Mundial 2026 será un gran acontecimiento en lo deportivo, turístico, económico y emocional, si bien conviene mirarlo con calma: México recibirá solo 13 de los 104 partidos, y los análisis más serios anticipan un impacto económico más acotado de lo que las cifras promocionales prometen. Entonces, la verdadera prueba de fuego para el país estará fuera de las canchas, en aquello que las cámaras no enfocan. Estará en los aeropuertos desbordados, en el transporte obligado a una precisión que no es su costumbre, en los alrededores de los estadios donde la densidad humana lo complica todo. En las redes digitale