El poder

Salvo muy contadas excepciones, atrás quedan las plataformas políticas, los programas de gobierno, los ideales de los años de militancia, el propósito de transformar al país. Sin darse cuenta y menos admitirlo, el funcionario se mimetiza por inercia con su predecesor; adopta sus usos y costumbres. El cambio se queda paulatinamente en el discurso, sin tomar forma en la realidad. El Movimiento Estudiantil de 1968 demandaba al gobierno un pliego petitorio de seis puntos: libertad de los presos políticos; derogación del artículo 145 del Código Penal Federal (delito de disolución social); desaparición del cuerpo de granaderos; destitución de los jefes policíacos Cueto, Mendiolea y Frías; indemnización a los familiares de los muertos y heridos desde el inicio del conflicto; y deslindamiento de responsabilidades de los funcionarios culpables de los hechos sangrientos. Cinco décadas después, esas reivindicaciones, poderosas en su momento, parecen modestas.  En su paranoia, Gustavo Díaz Ordaz veía una conspiración del