En 2018 las cosas pueden ponerse feas. El presidente del INE, Lorenzo Córdova, lo ha advertido con tino e insistencia: ese año tendrán lugar las elecciones más complicadas de la historia. Serán comicios nacionales —ya no federales y locales— en los que estarán en vilo cargos en todos los órdenes de gobierno. La joya de la corona —todos lo sabemos— será la Presidencia de la República. Y, si las tendencias no cambian, los resultados serán cerrados, muy cerrados. El fantasma de 2006 campea amenazante. Pero, para superar la crisis política de aquél año nefando para la democracia mexicana, las instituciones electorales fueron asideros fundamentales. En realidad los que provocamos los temblores fuimos los electores al votar como votamos. El IFE organizó los comicios con capacidad y precisión técnica y, al final, la Sala Superior del Tribunal Electoral —en un contexto de tensión e impugnación extremas— invirtió la legitimidad acumulada durante una década para zanjar jurídicamente la disputa. Más allá del descontento
El proceso que se avecina
En 2018 las cosas pueden ponerse feas. El presidente del INE, Lorenzo Córdova, lo ha advertido con tino e insistencia: ese año tendrán lugar las elecciones más complicadas de la historia. Serán comicios nacionales —ya no federales y locales— en los que estarán en vilo cargos en todos los órdenes de gobierno. La joya de la corona —todos lo sabemos— será la Presidencia de la República. Y, si las tendencias no cambian, los resultados serán cerrados, muy cerrados. El fantasma de 2006 campea amenazante. Pero, para superar la crisis política de aquél año nefando para la democracia mexicana, las instituciones electorales fueron asideros fundamentales. En realidad los que provocamos los temblores fuimos los electores al votar como votamos. El IFE organizó los comicios con capacidad y precisión técnica y, al final, la Sala Superior del Tribunal Electoral —en un contexto de tensión e impugnación extremas— invirtió la legitimidad acumulada durante una década para zanjar jurídicamente la disputa. Más allá del descontento