El pueblo donde los hombres bordan

Sus músculos marcados contrastan completamente con la fina puntada que dibuja un jardín de flores rojas y amarillas, que se plasma en un lienzo de tela negra, pegada a un bastidor de madera. En 27 años, Gerardo ha perfeccionado los trazos y combinado colores, así que la experiencia y los años lo hacen uno de los expertos bordadores que viven en Santa Rosa de Lima, un pueblo zapoteca del Istmo de Tehuantepec, donde los hombres, además de sembrar la tierra, colorean la vestimenta de sus mujeres. Gerardo Gallegos Talín tiene 47 años y vive una vida de medios días. Este hombre lo mismo sabe de mezcla y cemento que de hilos y flores, porque es obrero de medio tiempo y bordador en su otro medio tiempo y, a veces, bromea, de tiempo completo. Aunque comenzó a bordar a los 20 años Gerardo cuenta que al igual que sus hermanos, aprendió el oficio de bordador a través de sus esposas y por necesidad, pues los hilos siempre están ahí cuando la carestía arrecia. "Aquí casi todos los hombres son bordadores cuando no hay t