El silencio de la SEP

“¡Ya no quiero ir a la escuela!”. Se acurruca en las cobijas. “Anda, levántate ya, es muy bueno aprender; te voy a poner la canción de Cri-Cri: “Caminito de la escuela, apurándose a llegar…””, pero María en vez de apuro tiene susto. “¿Qué te pasa?”. “¡No quiero ir, mamá, no quiero ver a los maestros ni al señor de la bodega!”. “Pero si antes ibas muy contenta…”. Entrecortada la voz dice: “es que me quitan la ropa y me ponen a bailar. Y luego le piden a Rocío que me abrace, o a Rodrigo. Ayer me dieron una zanahoria. Llévame mejor con mi abuela, o con el tío Nacho: ellos me cuidan y me pueden enseñar las letras”. Tiene cuatro años y va en segundo de preescolar. La directora le dice: “Señora, mejor no denuncie, va a perjudicar a la niña. Le prometo que le llamo la atención a esos maestros e intendentes, pero no dañe el nombre de la escuela. Además, ¿quién le va a creer a una niña? No se meta en problemas. ¿A poco tiene más dinero que el SNTE que los va a defender, o tiene contactos en la SEP para que le hagan ca