El silencio frente a la turbulencia financiera internacional

El sistema financiero internacional lleva dos semanas moviéndose en aguas revueltas. La alerta se levantó el 8 de marzo cuando Silicon Valley Bank, un banco norteamericano de nicho, regional, enfrentó una corrida bancaria, la más rápida en la historia reciente, que lo llevó a la quiebra. Días después de Silicon Valley Bank, un banco en la otra costa del país, Signature Bank, también quebró. Algunas horas más tarde, un banco con más de 150 años de historia financiera en Suiza, Credit Suisse, empezó a hacer agua poniendo a temblar a las bolsas europeas. El negocio bancario –en una simplificación quizás extrema– consiste en captar ahorro del público, de todos, y prestarlo a quienes necesitan recursos para consumo o para proyectos de inversión. Más allá de las utilidades que obtengan por la diferencia entre la tasa de interés que pagan y la que cobran, los bancos tienen que mantener en todo momento la confianza de quienes ahí depositan su dinero. Si todos los ahorradores acuden por sus depósitos al mismo tiempo