¿Elecciones sin partidos?

No es muy complicado dilucidar por qué los partidos políticos tienen mala fama. Para muchas y muchos son el retrato de la corrupción y del oportunismo político. En vez de ser entes de interés público, muchas veces han actuado como negocios privados (pensemos en el Partido Verde). No es casual que se asocien con todo lo malo de la vida pública. Esta concepción de los partidos ha permeado a tal punto que los mismos partidos la han adoptado. En México (y en otros países como Estados Unidos e Italia) tenemos “partidos antipartidos” o facciones antipartidistas dentro de los partidos, donde las dirigentes insertan el ingrediente de la participación de la “sociedad civil” —y no la ciudadanía—, como una forma de purificación, de exorcismo, de expiación de sus pecados. Lo vemos hoy en México en el llamado Frente Amplio Opositor. Desde su formación, se presentó como la unión entre la sociedad civil y los partidos. Pretendía realizar elecciones primarias abiertas al público y operadas por un consejo ciudadano y represe