Therese Matunda acaba de cumplir 15 años y ya tiene muchas responsabilidades encima. Muy a su pesar. Está en el séptimo mes de embarazo y hasta hace pocos días ni siquiera sonreía cuando pensaba en Grace, el nombre que eligió para su hija. El suyo es un embarazo no deseado, consecuencia del que puede considerarse el acto violento más execrable: la violación. En la República Democrática del Congo (RDC) hay miles de historias similares a la de Therese. La suya, probablemente, está marcada por otro acto de crueldad. Mientras volvía a casa desde la escuela, la secuestraron una decena de hombres armados que se la llevaron con ellos a un refugio en el bosque. Estuvo prisionera durante más de un mes. "Cuando me querían -dice la adolescente con la cabeza gacha-, venían a la cabaña en la que me tenían encerrada. Lo hacían a turnos, varias veces al día. Era la mujer de todos", relata. "También me obligaban a cocinar para ellos. Me trataban con desprecio, era su esclava. Entonces un día, de repente, me vendaron los ojos
Estigma de violación persigue a víctimas de la guerra
Therese Matunda acaba de cumplir 15 años y ya tiene muchas responsabilidades encima. Muy a su pesar. Está en el séptimo mes de embarazo y hasta hace pocos días ni siquiera sonreía cuando pensaba en Grace, el nombre que eligió para su hija. El suyo es un embarazo no deseado, consecuencia del que puede considerarse el acto violento más execrable: la violación. En la República Democrática del Congo (RDC) hay miles de historias similares a la de Therese. La suya, probablemente, está marcada por otro acto de crueldad. Mientras volvía a casa desde la escuela, la secuestraron una decena de hombres armados que se la llevaron con ellos a un refugio en el bosque. Estuvo prisionera durante más de un mes. "Cuando me querían -dice la adolescente con la cabeza gacha-, venían a la cabaña en la que me tenían encerrada. Lo hacían a turnos, varias veces al día. Era la mujer de todos", relata. "También me obligaban a cocinar para ellos. Me trataban con desprecio, era su esclava. Entonces un día, de repente, me vendaron los ojos