Eterno TLC

Es probablemente imposible convencer a Donald Trump que su visión del mundo y del comercio exterior es equivocada y contraproducente a los intereses de Estados Unidos, a pesar de que lo sea de manera abrumadora. Su posición y la autopercepción de que es el mejor negociador no son un buen agüero para el proceso de modernización del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). La renegociación, en vísperas de la tercera ronda, ahora en Ottawa, tiene que superar dificultades estructurales, anormales en este tipo de proceso, para ser exitosa. La primera de ellas consiste en la divergencia de objetivos. La negociación original fue compleja y muy dura hace 25 años pero se llegó a buen puerto en gran parte por la comunión de intereses entre los tres gobiernos. Hasta ahora, en el nuevo ciclo, no hay evidencia de que Estados Unidos tenga objetivos comunes con Canadá y México. La segunda resulta de la aparente incapacidad o falta de voluntad de Estados Unidos de poner en la mesa concesión alguna. Quizá la úl