Fuera de tono

Dos rasgos caracterizan crecientemente a la oposición: De un lado, una marcada tendencia a la estridencia y la descalificación. Javier Corral lo ha llamado la “lillytellización de la política”: cuando una persona sin ideas ni argumentos privilegia el insulto y la vulgaridad. Un fenómeno análogo es la sandracuevización, con su dosis adicional de arrogancia, altanería, prepotencia y bravuconería. Uno y otro personaje –Téllez y Cuevas- despiertan simpatías simple y sencillamente porque se oponen ruidosamente a todo lo que tenga olor anti 4T. El otro rasgo que define a la oposición es su tendencia compulsiva a anunciar nuevas formaciones, las cuales no suelen trascender más allá de sus lanzamientos. La lista durante esta administración es tan larga que cuesta recordarlas. Empezaron desde que AMLO asumió, cuando a los cien días surgieron los autoproclamados Chalecos Amarillos, de los que hoy ya nadie habla. En agosto del 2019 apareció Futuro 21, supuestamente para absorber al PRD en 2021, aunque seguimos esper