Grandes retos

Nuestro discurso político cotidiano y la narrativa prevaleciente sobre políticas públicas tienden a perpetuar la noción de que es el Estado-nación donde radica el verdadero poder en las sociedades. Derivado de una premisa popular más acorde con el siglo pasado, se tiende a concebir a gobiernos nacionales en capitales como los que determinan el destino nacional, promulgan leyes y definen prioridades estratégicas. Pero en el siglo XXI este paradigma ha quedado totalmente rebasado; estados —y particularmente ciudades— son los nuevos centros gravitacionales de poder y la esperanza más prometedora para la reinvención de la política pública y la supervivencia de la democracia liberal, incluyente, plural, tolerante y abierta. En momentos en que todas las miradas están puestas en la capital estadounidense y en lo que hace —o deja de hacer— Donald Trump, hay que ver más allá de Washington para atisbar los diques y contrapesos políticos reales al gobierno federal y los aliados y liderazgos en toda una serie de agendas