Integración

A estas alturas resulta inevitable hacer la comparación entre las experiencias de integración entre América del Norte y la Unión Europea. En el lapso de una semana coincidieron la retirada del Reino Unido del espacio común europeo y la reunión trilateral de los lideres de Norteamérica. En medio de estas dos, aparece el ataque más feroz que haya lanzado Donald Trump en contra del TLC. Por muchos años se vio al NAFTA como una versión descafeinada del proceso desarrollado por los europeos, sin moneda común, sin parlamento, sin burocracia regional y sin una versión local de Bruselas, como sede de los poderes de la zona que compartimos. Mirando lo que ha ocurrido en Europa en los últimos cinco años, el proyecto norteamericano brilla por su pragmatismo, su eficiencia para detonar inversiones y ensanchar el comercio. En las dos décadas de vida del TLC, se han generado poco más de 20 millones de empleos directos y se han cuadruplicado los flujos de bienes entre las tres naciones. Todos los días se intercambian produc