Las huellas que quedaron en la excárcel centenaria

Los presos de Islas Marías fueron reubicados, pero sus huellas se quedaron en cada espacio de lo que fue el centro penitenciario de semilibertad, el más antiguo del país. Su ausencia es notoria en la isla y, si no fuera por el personal de seguridad, administrativo y de la Secretaría de Marina que aún permanece, el área sería un pueblo fantasma. Las aves endémicas y sus cantos son los únicos acompañantes del personal en ese sitio, cuya actividad cada día disminuye. En los dormitorios, talleres, áreas recreativas y de visita familiar, en cada camino e inmueble de la isla hay un rastro de los reos, incluso de los objetos con los que eran castigados por los custodios durante el siglo pasado. Ahí seguirán sus huellas hasta que el tiempo las borre, porque la infraestructura de la histórica cárcel no se modificará con su transformación en centro ambiental y cultural, a decir de las autoridades federales. La historia de Islas Marías también quedó grabada en ocho murales pintados por reos y expresidiarios: en un audit